Este poema ha sido facilitado amablemente por la Sociedad Protectora de Animales de Godella (Valencia - España). Es un poema dedicado de un dueño a su perro, pero el mensaje que lanza es claro, hay que querer a los animales por lo que son, por lo que nos aportan día a día, sólo un dueño sabe lo que su mascota le aporta cada momento de su convivencia, y lo que le aporta es muchísimo, en muchas ocasiones más que lo que nosotros mismos podemos aportarles.
Va dedicado a todos aquellos maravillosos dueños que a pesar de que su mascota sufra cualquier tipo de defecto siguen a su lado sin importarles el aspecto físico de su compañero, o de aquellos que adoptan a uno de estos perros importandoles más la posibilidad de brindarles un hogar cálido que el que padezcan algún tipo de tara física o mental. En definitiva va dedicado a los verdaderos AMANTES DE LOS ANIMALES. Y tú, si tienes o has tenido un perro con un defecto físico y te has desecho de él o estás pensando hacerlo, lee este poema y si tienes conciencia, párate a pensar lo que has hecho o estás a punto de hacer. Piensa en tus defectos, que seguro los tienes y después mira a tu perro, él seguirá alli a tu lado sin importarle lo más mínimo tus deficiencias, puedes tú decir lo mismo? EL PERRO COJO Con una pata colgando, despojo de una pedrada, pasó el perro por mi lado. Un perro de pobre casta. Uno de esos perros callejeros obres de sangre y de estampa. nacen en cualquier rincón, de perras tristes y flacas, destinados a comer basuras de plaza en plaza. Si pequeños, por el qué fino y ágil de la infancia baloncitos de peluche, tibios borlones de lana, los miman, los acurrucan, los sacan al sol, les cantan. De mayores, por el qué con que se les fue la gracia, los dejan a su ventura, mendigos de casa en casa, sus hambres por los rincones y su sed sobre las charcas. Y qué tristes ojos tienen qué recóndita mirada como si en ella pusieran su dolor a media asta. Y se mueren de trsietza a la sombra de una tapia, si es que un lazo no les da muerte anticipada. Yo lo llamo: psi, psi, psi Todo orejas austadas, todo hociquito curioso, todo sed, hambre y nostalgia, el perro escucha mi voz, olfatea mis palabras como esperando o temiendo pan, caricias...o pedradas. No en vano lleva marcado un mal recuerdo en su pata. Lo vuelvo a llamar. Dócil a medias avanza moviendo el rabo con miedo, y las orejitas, gachas. Chasco los dedos, le digo: ven aquí, no te hago nada; vamos, vamos...ven aquí. Y adios la desconfianza. Que ya se tiende a mis pies a tiernos aullidos habla, ladra para hablar más fuerte, salta, gira, gira, salta, lloran, rien, rien, lloran lengua, orejas, ojos, patas y el rabo es un incansable abanico de palabras. Es su alegría tan grande que más que hablarme, canta. ¿Qué piedra te dejó cojo?... Sí, sí, malhaya, malhaya. El perro me entiende; sabe que maldigo la pedrada, aquella pedrada dura que le destrocó la pata y él, con el rabo, me está agradeciendo la lástima. Pero tú no te preocupes; ya no ha de faltarte nada. Yo también soy callejero, aunque de distintas plazas, y a patita coja y triste voy de jornada en jornada. Las piedras que me tiraron me dejaron coja el alma. Entre basuras de tierra tengo mi pan y mi almohada. Vamos pues, perrito mio, vamos, anda que te anda, con nuestra cojera a cuestas, con nuestra tristeza en andas, yo, por mis calles oscuras, tú por tus calles calladas, tú la pedrada en el cuerpo, yo, la pedrada en el alma. y cuando mueras amigo, yo te enterraré en mi casa bajo un letrero: aquí yace un amigo de mi infancia. Y en el cielo de los perros, pan tierno y carne mechada, te regalará San Roque una muleta de plata. Compañeros si los hay, amigos donde los haya, mi perro y yo por la vida: pan pobre, arica compaña. Era joven y era viejo; por más que yo lo cuidaba, el tiempo mal pasado lo dejó medio sin alma. Fueron muchas hambres, mucho peso para tres patas. Hacia el cielo de los perros se fue, anda que te anda las orejas de relente y el hociquito de escarcha. Portero y dueño del cielo San Roque en la puerta estaba: ortopédico de mimos, cirujano de palabras, bien surtido de recambios con que curar viejas taras. Para ti....un rabo de oro, para tí...un ojo de ámbar; tú tus orjas de nieve; tú, tus colmillos de escarcha. Tú..... Y mi perro le reía.... Tú...tú la muleta de plata Ahora ya sé por qué está la noche agujereada. ¿Estrellas...luceros?... NO. Es mi perro, que cuando anda, con la muleta va haciendo agujeritos de plata. Información faciltada por: Boletín Informativo SPAG Sociedad Protectora de Aimales de Godella Valencia, España. Cedido por Felipe pérez. Extraido del libro Poemas de mi barca.
