09.09.2010 05:59 | 7 usuarios en línea
 
 

Leptospirosis: Una enfermedad muy grave y contagiosa

Es una enfermedad bacteriana muy grave y contagiosa que afecta a los perros. A pesar de que ocurre ocasionalmente, muchas veces puede ser fatal para el perro. Esta enfermedad afecta a las personas. Puede afectar a perros de cualquier edad no vacunados.

Los signos son muy variables pero los más frecuentes son: fiebre, depresión, pérdida del apetito, ictericia, poliuria-polidipsia, vómitos, diarrea y, a veces, muerte súbita. El diagnóstico se realiza por la historia clínica y los síntomas.

Por tanto, éste siempre será muy agresivo y estará, por un lado, encaminado a mejorar los síntomas clínicos y, por otro, a eliminar la bacteria. El tratamiento, según las características individuales de cada caso, se realiza mediante fluidos intravenosos, antieméticos, transfusiones, diuréticos y antibióticos (PENICILINAS).

En la mayoría de los casos en 7 días hay una mejoría clínica con el tratamiento, sin embargo, hay que recordar que algunos de los perros afectados mueren irremediablemente. La prevención es la base en la lucha contra esta infección. La vacunación y el control del ambiente donde vivirá el perro (sobretodo de los roedores) son muy importantes.

¿Qué es?
Es una enfermedad bacteriana muy grave y contagiosa que puede producir lesiones agudas o persistentes en el riñón y el hígado de los perros. Muchas veces puede ser fatal para el perro, produciendo la muerte en pocos días. Esta enfermedad puede afectar también a las personas. Los perros no vacunados son sensibles a cualquier edad. Existen diferentes especies de la bacteria en forma de espiral llamada Leptospira, las más frecuentes en el perro son:Leptospira interrogans, L. canicola y L. icterohemorragica.

¿Cuándo debemos sospechar?
Los signos clínicos son muy variables pero los más frecuentes son: apatía, anorexia, fiebre, depresión, vómitos, poliuria/polidipsia (orinar y beber mucho), anuria (no producción de orina), diarrea, abdomen agudo (dolor abdominal), ictericia (color amarillo de las mucosas o piel), petequias (hemorragias pequeñas), disnea (respiración anormal) y, a veces, muerte súbita. El cuadro clínico puede ser, en ocasiones, muy ligero, pero otras veces puede ser más grave y presentar signos graves que evolucionan hacia un estado físico lamentable que conlleva su muerte o justifica la eutanasia. Los perros que se recuperan pueden desarrollar problemas crónicos en riñón e hígado. La vía de entrada del virus es el contacto directo de las mucosas con la bacteria a través de la orina, la placenta, heridas, etc. Posteriormente penetra la mucosa y, si el perro está vacunado, se detiene la infección. Sin embargo, si no lo está, las bacterias pasan a la sangre (viremia) y así se distribuyen por los riñones y el hígado. El hecho que se afecte uno u otro órgano después de la viremia depende de la inmunidad que tenga el perro y del tipo y número de bacterias. Existe una alta probabilidad de contagio a otras mascotas y a los humanos, ya que las bacterias se eliminan de forma abundante a través de la orina de los perros. La supervivencia en el exterior de las bacterias es variable según las condiciones ambientales. Existen animales (salvajes y domésticos) que son reservorios (lugares donde perduran las bacterias y, por tanto, son fuentes de contagio) de la leptospirosis. La presencia del virus en los diferentes órganos produce destrucción de las células y, por tanto, aparición de los síntomas. La evolución de la enfermedad, si el perro no está vacunado, suele ser rápida.

¿Cómo podemos confirmarlo?
El diagnóstico se realiza por la historia clínica y los síntomas que se observan en perros no vacunados. La alteración hematológica más importante es la leucocitosis (nº elevado de células blancas). Se aprecian incrementos en los valores séricos de los enzimas renales (urea y creatinina) y de los enzimas hepáticos (ALT y fosfatasa alcalina), aunque esto depende de la gravedad del cuadro y del tiempo de infección. En algunos casos se puede encontrar proteinuria (pérdida de proteínas en la orina) o glucosuria (presencia de glucosa en la orina). A veces, con tinciones especiales, se pueden detectar las bacterias en la orina. También se puede confirmar el diagnóstico mediante las técnicas serológicas (detección de anticuerpos frente a la bacteria) como el ELISA. Sin embargo estas técnicas, según el estado de vacunación, son difíciles de interpretar y, muchas veces, llevan a un diagnóstico erróneo. Existen técnicas especiales (aislamiento o cultivo) que permiten detectar al virus, sin embargo, estas técnicas son caras, difíciles de realizar y no son accesibles para todos los centros veterinarios.

¿Hay tratamiento?
Debido a que es una enfermedad muy grave los perros mueren a pesar del tratamiento. Por tanto, éste siempre será muy agresivo y estará, por un lado, encaminado a mejorar los síntomas clínicos y, por otro, a eliminar la bacteria. El tratamiento, según las características individuales de cada caso, se realiza mediante fluidos intravenosos, antieméticos, transfusiones, diuréticos y antibióticos (PENICILINAS). Estos tratamientos son largos y caros, y no siempre terminan con la curación del perro. En la mayoría de los casos en 5-7 días hay una mejoría clínica con el tratamiento, sin embargo, hay que recordar que algunos de los perros afectados mueren irremediablemente.

¿Se puede prevenir?
Debido a la facilidad de contagio y a que hay una gran eliminación de virus en la orina, no hay que mezclar a los animales infectados con otros de sanos sí estos no están vacunados. Las bacterias se encuentran en gran número en la orina de animales infectados. Debido a que es una enfermedad grave y que en muchos casos el tratamiento es infructuoso, la prevención es la base en la lucha contra esta infección. La vacunación correcta y el control del ambiente donde vivirá el perro. Hay que realizar un control de los roedores de la zona (principal reservorio). Además hay que vacunar anualmente a los perros de riesgo (cazadores o los perros que habitan cerca de zonas con riesgo de presencia de roedores - rieras, hípicas, campo, descampados). Las vacunas frente a la leptospirosis ofrecen una inmunidad efectiva entre 6 y 12 meses. Recuerde que la vacunación de las madres es la primera fuente de inmunidad para los cachorros; el calostro, o primera leche, lleva el 97 % de la inmunidad. Esta inmunidad aumenta con una correcta pauta de vacunación frente a la leptospirosis. Debido a que es una enfermedad que pueden padecer los humanos hay que recordar que: - La vacunación de los perros también es nuestra protección. - Atención con el contacto directo con la orina. - Utilizar siempre guantes para la limpieza de las áreas donde viven los perros, de las jaulas o de los propios animales.

Agradecemos la colaboración para la publicación de este articulo a:
http://www.e-animales.com

 
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